Burlanda en las dietas ganaderas: una oportunidad nutricional que exige rapidez y planificación.

Burlanda en las dietas ganaderas: una oportunidad nutricional que exige rapidez y planificación.

Ganaderia Norberto

La incorporación de burlanda a las dietas ganaderas representa una alternativa interesante, especialmente para los establecimientos ubicados cerca de las plantas de bioetanol. Sin embargo, su elevado contenido de humedad exige una logística de almacenamiento y utilización muy precisa. Así lo explicó la Ing. Analía Echeverría durante la jornada del IPCVA realizada en Córdoba.

«La burlanda es húmeda y en ella el crecimiento fúngico es importante. Por eso, durante la primera semana conviene utilizarla; en la segunda comienzan a contabilizarse las pérdidas». Con esta advertencia, la especialista sintetizó uno de los principales desafíos que presenta la utilización de este subproducto en la nutrición animal.

Durante su exposición, Echeverría planteó la necesidad de evaluar la incorporación de burlanda sin perder de vista la eficiencia alimentaria y su incidencia en los costos de producción. Para lograrlo, resulta fundamental organizar una logística de provisión que permita utilizar el producto rápidamente y evitar su deterioro.

El plazo recomendado es de siete días o menos. Superado ese período, comienzan los procesos de degradación que afectan sus propiedades nutricionales y repercuten negativamente en la conversión alimenticia.

En Córdoba funcionan cuatro plantas de bioetanol, donde al grano se le extrae el almidón para destinarlo principalmente a la producción de biocombustibles, como alternativa para reducir el uso de combustibles fósiles. Las perspectivas de crecimiento de esta actividad anticipan una mayor disponibilidad de burlanda para la alimentación ganadera.

Almacenamiento: un factor determinante

La burlanda puede almacenarse en celdas con piso de hormigón, en silobolsas o adquirirse en su versión seca. Esta última alternativa presenta un costo aproximadamente 30% superior, lo que modifica la ecuación económica frente a otros insumos, como el maíz y el expeller.

El almacenamiento representa uno de los momentos más sensibles. Por tratarse de un alimento húmedo y rico en nutrientes, reúne condiciones favorables para el desarrollo de microorganismos y, consecuentemente, para la aparición de pérdidas importantes si no se conserva adecuadamente.

A partir de una demanda de los productores, técnicos del INTA realizaron simulaciones de almacenamiento en celdas bajo condiciones de verano extremo, caracterizadas por altas temperaturas y elevada humedad. Para evaluar el comportamiento del material, se utilizaron bandejas que permitieron medir las pérdidas y tomar muestras periódicas para analizar la evolución del crecimiento microbiano.

En los ensayos del segundo año se incorporaron conservantes y se compararon distintos tratamientos con un grupo testigo. Entre las alternativas evaluadas se utilizó ácido propiónico, un aditivo ampliamente empleado por su acción antimicrobiana, especialmente para inhibir el desarrollo de hongos y bacterias.

Los resultados mostraron que las pérdidas pueden alcanzar valores significativos en períodos relativamente cortos. En condiciones de verano intenso se registraron pérdidas del 17% durante la segunda semana, mientras que en escenarios de temperaturas más moderadas se ubicaron alrededor del 8%.

El deterioro también afecta la calidad nutricional

La especialista explicó que el proceso de degradación avanza por etapas. Durante la primera semana se incrementa el desarrollo de levaduras y bacterias. En la segunda, comienzan a verse comprometidos componentes como las grasas y las fibras, con consecuencias directas sobre la digestibilidad del alimento.

En los ensayos se observaron importantes variaciones en los indicadores de digestibilidad, con valores que pasaron de 2,8 a 0,8, en un contexto de acumulación de ácidos y deterioro del material.

La pérdida de calidad también repercute sobre el aprovechamiento de las grasas y, en consecuencia, sobre la respuesta productiva de los animales. Una menor eficiencia de engorde termina elevando el costo por kilo producido.

Los conservantes permiten reducir las pérdidas, aunque su utilización implica un costo adicional que debe incorporarse a la evaluación económica de cada sistema.

La logística define la conveniencia económica

La conclusión de la exposición fue clara: la burlanda puede conservarse durante siete días o menos sin necesidad de utilizar aditivos, siempre que se respeten las condiciones adecuadas de almacenamiento. Cuando se prevé superar ese plazo, será necesario evaluar alternativas, como incrementar su inclusión en la dieta para acelerar el consumo o recurrir al almacenamiento en silobolsa.

A futuro, una posibilidad es que las propias plantas de bioetanol incorporen tecnologías y sistemas que permitan conservar la burlanda durante más tiempo sin comprometer sus propiedades nutricionales.

Sin embargo, estas mejoras también tendrán un costo y obligarán a revisar la ecuación económica de la producción.

La burlanda ofrece una oportunidad para diversificar las fuentes de alimentación del ganado, especialmente en las zonas cercanas a las usinas de bioetanol. Pero su aprovechamiento no depende solamente de su disponibilidad o precio: la velocidad de utilización, la conservación y la planificación logística serán determinantes para que realmente se convierta en una alternativa eficiente y rentable.

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