
Se entiendo por fisiología el estudio del funcionamiento de
órganos y tejidos de una ser vivo. Conocer la mima en detalle, es vital para el
manejo de un cultivo. En maíz, por ejemplo, nos permite seleccionar la
estrategia más adecuada para lograr altas producciones con el menor costo
posible. Con la elección de la fecha de siembra, determinamos las diferentes
condiciones radiativas y de temperatura a la que expondremos el cultivo.
Las siembras tardías proporcionan un ambiente menos
favorable para el llenado de granos, lo que se traduce en un menor potencial
teórico de rendimiento. Sin embargo, si nos adelantamos demasiado, las bajas temperaturas
demoran la germinación y dilatan las etapas vegetativas, exponiendo la planta
al ataque de plagas y enfermedades.
Una idea errónea que tienen muchos productores es que al
enterrar mas la semilla de maíz le proveerán a la planta un mejor arraigue. La
realidad es que independientemente de la profundidad de siembra, las raíces
seminales (que salen de la semilla) son temporales. Las raíces definitivas
nacen todas del nudo del tallo (raíces adventicias), situadas justo debajo de
la superficie del suelo. De hecho, hay trabajos que demuestran que a medida que
se siembra mas profundamente el cultivo, este rinde menos kilogramos de grano
por hectárea.
Por otra parte, al sembrarlo más hondo éste tarda más en
emerger, sobre todo en siembras tempranas, por lo que tiene más probabilidades
de perecer por insectos u hongos. La temperatura optima de siembra, oscila en
el rango de 12 a 18 grados centígrados.
En cuanto a la distancia entre hileras, espaciamientos de 52
centímetros entre surco presenta ventajas en aquellas situaciones en las que a
70 centímetros entre surco no logremos una cobertura total del suelo al momento
de floración, pero es más exigente desde el punto de vista hídrico. También
conviene menores espaciamientos en siembras tardías, mientras que las tempranas
serían indistintas, según varios trabajos realizados al respecto. En última
instancia esté dependerá de la sembradora con la que contemos.
La uniformidad de distribución de semillas al momento de la
siembra es de una importancia superlativa en el cultivo de maíz, plantas muy
juntas generan abortos de granos y en casos extremos individuos completamente
estériles, ósea no originan marlo, fenómeno este no compensado por mayor producción
de la planta dominante.
Como ya mencionamos en artículos anteriores, este cultivo no
tiene gran capacidad de compensar densidades de siembra subóptimas. Si bien
este concepto está cambiando con el avance tecnológico y el desarrollo de los
híbridos de espiga felx (flexible), o prolíficos (que desarrollan más de una
espiga ante ciertas condiciones, como por ejemplo densidad menor a la óptima).
El concepto que no ha cambiado es la gran sensibilidad a las
densidades supra óptimas, por lo tanto, ajustar bien la densidad y distribución
de la semilla en el cultivo de maíz reviste una importancia mucho mayor que en
otros cultivos, como pueden ser por ejemplo la soja, el girasol o el sorgo.
Dicho esto, debemos poner especial énfasis en una correcta elección de la placa
y en controlar la velocidad de siembra en un rango de 5/6 km/hora.
Ante la duda de que densidad escoger quizás sea conveniente
inclinarse por una densidad leventemente inferior a la optima estimada, con la
elección de algún hibrido con aptitudes de compensación para cubrirnos de una
posible mejora en las condiciones ambientales del cultivo, pudiendo captar ese
beneficio a través del rinde.
El maíz consume aproximadamente 550 milímetros de agua
durante todo su ciclo para lograr altas producciones, en verano tiene una tasa
de extracción de agua del suelo del orden de los 5 milímetros por día,
obviamente si el suelo se los puede entregar, de lo contrario sufre estrés
hídrico.
El efecto negativo de este tipo de estrés para el cultivo de
maíz es máximo si ocurre alrededor de la floración, pues ese el período crítico
de este cultivo. Por lo tanto, debemos hacer los esfuerzos para evitar que esta
fase del cultivo acontezca en su mayor parte durante el mes de enero, es decir
debemos ubicarlo antes (diciembre) o después (febrero), lo que se determina al
definir la fecha de siembra.
Para finalizar haremos un breve comentario respecto del tema
nutricional. Luego de 25 días de emergido se eleva en forma sostenida la demanda
de nitrógeno por parte del cultivo. Una tonelada de grano de maíz insume
aproximadamente 20 kilogramos de nitrógeno y 4 kilogramos de fósforo. Si el
suelo no lo puede aportar esos nutrientes debemos introducirlo al sistema vía
fertilizante, de lo contrario se resentirá la producción. Sin embargo, debemos
ser concientes que hay cuestiones de ambiente como precipitaciones, temperatura
y radiación que nos fijan un techo de producción, el cual no podemos superar
pese al agregado de fertilizantes u otro tipo de insumo.


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