El tambo del futuro ya funciona en Córdoba: más producción y calidad de vida

El tambo del futuro ya funciona en Córdoba: más producción y calidad de vida

Lecheria Norberto

La tecnología transformó el establecimiento San Ignacio, ubicado en Arroyo Algodón, Córdoba. En apenas cinco meses, mejoraron los niveles de producción, la calidad de la leche y las condiciones de trabajo. Además, los productores destacan el tiempo que pudieron recuperar para dedicarlo a otras actividades y a su vida personal.

La incorporación de tecnología continúa transformando la producción lechera argentina. Un claro ejemplo es lo que sucede en el establecimiento San Ignacio, ubicado en Arroyo Algodón, provincia de Córdoba, donde la instalación de tres robots de ordeñe permitió modificar por completo la dinámica de trabajo y obtener importantes resultados productivos.

El establecimiento, conducido por Álvaro “Vasco” Ugartemendía y con Nélida Andrada a cargo del manejo cotidiano del tambo, dejó atrás el sistema convencional para implementar un modelo de ordeñe voluntario mediante tres robots de la marca Lely.

Los resultados, después de cinco meses de funcionamiento, son contundentes: la producción promedio pasó de 17 litros diarios por vaca a ubicarse entre los 29 y 30 litros.

Pero el crecimiento no se refleja solamente en la cantidad de leche obtenida. También mejoraron los sólidos, que anteriormente se ubicaban entre 720 y 750 gramos y actualmente superan los 800 gramos, un indicador especialmente importante para el establecimiento, que también desarrolla actividad quesera a través de la empresa Lácteos Capilla del Señor.

Un nuevo sistema de trabajo

Actualmente, el tambo trabaja con aproximadamente 170 vacas, que pueden acercarse voluntariamente a los robots para ser ordeñadas. El sistema registra entre 2,7 y 2,8 ordeñes diarios por animal.

La alimentación combina pastoreo, silo de alta calidad, rollos y balanceado, suministrado de acuerdo con las necesidades individuales de cada vaca.

Uno de los aspectos más valorados por los responsables del establecimiento es la información que brinda la tecnología. A través del celular pueden controlar indicadores sanitarios, detectar cambios de comportamiento, identificar animales que necesitan atención y anticiparse a posibles problemas de salud.

Recuperar tiempo y mejorar la calidad de vida

Más allá de los números, uno de los cambios más significativos tiene que ver con la vida cotidiana de quienes trabajan en el campo.

Nélida Andrada resumió esa transformación con una anécdota que refleja el impacto de la robotización: antes debía abandonar una fiesta familiar para regresar al tambo y cumplir con los horarios de ordeñe. Ahora pudo quedarse hasta el final, volver a su casa y descansar.

La automatización también permitió reorganizar las tareas del personal. Quienes antes estaban dedicados a determinadas labores rutinarias ahora disponen de más tiempo para desarrollar otras actividades productivas.

En ese sentido, el establecimiento comenzó a trabajar en la elaboración de reservas forrajeras, incorporando la fabricación de rollos propios e incluso evaluando la posibilidad de ofrecer ese servicio a otros productores.

Una inversión para mirar hacia el futuro

La decisión de avanzar hacia la robotización comenzó a tomar forma en 2024 y pudo concretarse mediante financiamiento del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), a través de una línea de crédito en litros de leche, junto con un programa del Gobierno de Córdoba que contempló el reintegro de tasas de interés y el acompañamiento de la empresa Lely.

Recientemente, San Ignacio abrió sus tranqueras para recibir a otros productores durante una jornada de Tranqueras Abiertas, donde pudieron conocer el funcionamiento de los equipos y observar de cerca la nueva modalidad de trabajo.

A cinco meses de su puesta en marcha, la experiencia demuestra que la incorporación de tecnología no solamente puede incrementar la producción y mejorar la calidad de la leche, sino también transformar la organización del trabajo rural.

El caso de San Ignacio deja un mensaje importante para el sector: producir más también puede significar trabajar de otra manera, mejorar el bienestar animal y, fundamentalmente, recuperar tiempo para vivir.

IMAGEN: ILUSTRATIVA

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