
INTA, junto al Frigorífico Gorina, está probando una tecnología de cocompostaje para transformar contenido ruminal bovino y restos de poda urbana en un compost de alta calidad para suelos agrícolas.
Los ensayos, realizados por el IPAF Pampeano en pilas dinámicas a campo, controlan temperatura, humedad y volteos para asegurar la descomposición e higienización del material.
Los primeros resultados son positivos: el compost obtenido cumple con los requisitos de SENASA para clase A, con buen balance de nutrientes, materia orgánica adecuada y niveles correctos de pH y conductividad eléctrica. La propuesta apunta a reemplazar insumos con más salinidad o desequilibrios, como la cama de pollo, y a la vez avanzar en economía circular y reducción del impacto ambiental de residuos agroindustriales.
Qué tiene de innovador
La clave está en el cocompostaje de residuos “difíciles”, como el contenido ruminal bovino (muy húmedo, con alta carga orgánica) mezclado con poda urbana (rica en carbono). Esa combinación:
Equilibra la relación carbono/nitrógeno (C/N)
Mejora la aireación del material
Permite un proceso de compostaje más estable y eficiente
No es menor que trabajen con un actor real como Frigorífico Gorina, porque eso acerca la tecnología a escala aplicable, no solo experimental.
Por qué el “compost clase A” es importante
Que el producto cumpla estándares del SENASA implica:
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Bajo riesgo sanitario (correcta higienización)
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Estabilidad biológica (no sigue fermentando en el suelo)
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Parámetros químicos controlados (pH, salinidad, nutrientes)
Esto lo diferencia de enmiendas más “informales” como la cama de pollo, que muchas veces:
Tiene exceso de sales
Presenta desbalances de nutrientes
Puede generar fitotoxicidad si no está bien manejada
Impacto agronómico real
Si los resultados se sostienen, este tipo de compost puede:
Aumentar la materia orgánica del suelo
Mejorar la estructura (más porosidad, mejor infiltración)
Incrementar la capacidad de retención de agua
Aportar nutrientes de liberación más gradual
Esto es especialmente relevante en sistemas periurbanos del Área Metropolitana de Buenos Aires, donde:
Los suelos suelen estar degradados
Hay alta presión productiva
Se necesita reducir insumos externos
Dimensión ambiental (lo más fuerte del proyecto)
Acá está el verdadero cambio de paradigma:
Un residuo problemático (ruminal) → pasa a ser insumo
Se reduce la carga contaminante (olores, lixiviados, emisiones)
Se evita disposición final o tratamiento costoso
Eso encaja de lleno en economía circular aplicada al agro, algo que en Argentina todavía está en desarrollo pero tiene mucho potencial.
Desafíos que quedan
No todo está resuelto, y hay puntos clave a mirar:
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Logística: mover residuos y materiales estructurantes no es barato
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Escalabilidad: pasar de ensayo a uso masivo
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Aceptación del productor: confianza en el producto
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Regulación y trazabilidad


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