
Juan Martín Ojea Rullan, secretario de la Asociación Argentina de Angus, repasó cómo cambió la demanda por el pelaje colorado, que comenzó a crecer en los años 90 y aceleró su expansión desde 2000.
La mayor cantidad de criadores, las mejoras genéticas y el avance de los cruzamientos acompañaron ese proceso, que también se reflejó en las exposiciones ganaderas.
Durante mucho tiempo, hablar de Angus en la Argentina era hablar, principalmente, de animales negros. Los colorados tenían una presencia mucho menor y representaban una proporción limitada de los rodeos puros. Sin embargo, esa realidad empezó a cambiar en la década de 1990 y el crecimiento se hizo más marcado a partir de los primeros años de 2000.
Juan Martín Ojea Rullan, criador y secretario de la Asociación Argentina de Angus, explicó que históricamente alrededor del 10% de los rodeos puros correspondía a animales colorados. Esa menor disponibilidad de reproductores también se reflejaba en los precios, que durante años fueron superiores a los de los negros, con diferencias que en algunos momentos llegaron a ser importantes.
Con el aumento de las cabañas y de los productores que apostaron por esta variedad, la oferta comenzó a crecer y el mercado fue encontrando un nuevo equilibrio. “Hoy ya se equiparó bastante”, señaló Ojea Rullan, aunque aclaró que los colorados todavía pueden alcanzar valores algo más altos en determinadas operaciones.
En esa evolución también influyó el crecimiento del Brangus colorado en el norte argentino. El interés por esta variedad y su utilización en cruzamientos contribuyeron a generar una mayor demanda de animales colorados, entre ellos reproductores Angus.
Más criadores y una genética que evolucionó
El crecimiento del Angus colorado no se explica solamente por una mayor demanda. También hubo un trabajo de selección genética que permitió mejorar características de los animales y reducir algunas diferencias que se observaban históricamente respecto de los negros.
Ojea Rullan recordó que, en sus comienzos, los colorados solían presentar un pelo más fino y pegado al cuerpo y, en algunos casos, menor desarrollo corporal. Con el tiempo, el intercambio genético entre ambas variedades permitió avanzar en aspectos como el desarrollo óseo, la conformación y la cobertura de pelo.
Mientras el Angus negro tuvo una trayectoria de selección más extensa en la Argentina, debido a su predominio histórico, el crecimiento del colorado amplió las posibilidades para los criadores dentro de una misma raza. La evolución genética acompañó así la incorporación de nuevos rodeos y el interés por disponer de reproductores de ambos pelajes.
De los terneros a todas las categorías de Palermo
El avance del Angus colorado también comenzó a notarse en las pistas de las exposiciones ganaderas. Una de las señales de ese crecimiento fue la incorporación de juras diferenciadas por pelaje, una modalidad que permitió dar mayor espacio a los ejemplares colorados dentro de las competencias.
La Asociación Argentina de Angus implementó la jura alternada entre negros y colorados en 2022, durante la muestra del Centenario. La iniciativa luego se mantuvo en las exposiciones de Otoño.
En la Exposición Rural de Palermo, el cambio fue gradual. En 2023, la modalidad se incorporó por primera vez para las categorías de terneros y terneras, y continuó en las ediciones de 2024 y 2025.
Este año, en 2026, la jura alternada se extendió a todas las categorías, incluidos los reproductores adultos. De esta manera, los ejemplares negros y colorados pueden ser evaluados dentro de sus respectivas categorías para seleccionar los mejores representantes de cada pelaje y, según la instancia, definir luego los campeones generales.
La ampliación de las juras refleja el lugar que fue ganando el colorado dentro de la raza. Lo que durante décadas tuvo una participación minoritaria hoy cuenta con una presencia más amplia, tanto en los rodeos como en las principales muestras ganaderas del país.
Una historia marcada por el predominio del negro
La diferencia histórica entre ambas variedades también se relaciona con la evolución de la ganadería argentina. Durante el siglo XIX, el Shorthorn, con pelajes que van del blanco al colorado, tuvo un papel central en el mejoramiento de los rodeos criollos. La introducción del toro Tarquino por John Miller, alrededor de 1823, fue uno de los hitos de ese proceso.
Más adelante se incorporaron razas como el Hereford y el Aberdeen Angus, en una etapa en la que la producción ganadera comenzó a adaptarse a las exigencias de los frigoríficos y de los mercados externos.
El Shorthorn tuvo una presencia destacada hasta las primeras décadas del siglo XX, pero luego perdió terreno frente a otras razas. El Angus fue ganando participación por sus características productivas y el pelaje negro, dominante genéticamente sobre el colorado, favoreció su difusión en cruzamientos con otras poblaciones bovinas.
Hacia la década de 1940, el cruzamiento de toros Angus con vacas Shorthorn permitía obtener animales negros y mochos, valorados por su fertilidad y rusticidad. Ese tipo de resultados contribuyó a consolidar la presencia del Angus negro en la ganadería nacional.
Ojea Rullan también relacionó parte de la evolución de las preferencias productivas con los cambios en la conservación y comercialización de la carne. Cuando predominaban los métodos de salado, la grasa de cobertura cumplía una función diferente de la que adquirió con la expansión de la refrigeración y la comercialización de carne enfriada. Las nuevas condiciones de los mercados modificaron algunos requerimientos, aunque no fueron el único factor que influyó en la evolución de las razas.
El Angus llegó a la Argentina en 1879, cuando Carlos Guerrero importó reproductores de pedigree. Desde entonces, la raza se desarrolló en el país con un marcado predominio de los animales negros, mientras que el colorado mantuvo durante mucho tiempo una participación menor.
En las últimas décadas, esa relación comenzó a cambiar. La expansión de los rodeos colorados, la incorporación de nuevos criadores y las mejoras genéticas permitieron que esta variedad ganara espacio y redujera diferencias con el negro.
El proceso no modificó la pertenencia de ambos pelajes a una misma raza, pero sí amplió las alternativas disponibles para los productores y dio al Angus colorado un protagonismo que durante mucho tiempo había sido menor.


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